Los dos rostros de la agresividad

La energía agresiva es una energía natural. Marte es el significador astrológico más obvio de la agresividad, y todos nacemos con Marte en uno u otro lugar de la carta natal. Es decir, todos nacemos con impulsos agresivos innatos. En este artículo me propongo explorar tanto los aspectos positivos como los negativos de la agresividad, en cuanto se relacionan con la carta astrológica.

Recuerdo que en Boston una de mis primeras maestras de astrología, Isabel Hickey, comparaba la energía de Marte con la de un fuego que arde. Si se lo usa como es debido y en el lugar debido, es maravillosamente útil: nos da luz y calor, abrigo y energía; pero usado fuera del lugar y del momento adecuado, el fuego puede significar desastres. Es la diferencia que hay entre hacer fuego quemando las tablas del suelo del salón de estar y encenderlo donde corresponde, es decir, en la chimenea. De la misma manera, Marte no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero si no se lo sabe usar puede ser muy negativo.

Al decir esto, Isabel estaba subrayando un punto importante, a saber, que todas las energías naturales son neutras. Piero Ferrucci, en su libro What We May Be, también lo señala. Las energías naturales del viento o el sol, de un átomo o un río, pueden producir desastres o impedirlos.  Un río nos aporta agua, fuerza motriz e irrigación y sin embargo puede causar inundaciones y destrucción. Las energías naturales pueden matar o pueden ser una ayuda. La energía que se genera al escindir un átomo se puede usar para volarnos a todos o se puede encauzar de forma creativa y productiva.

De la misma manera, la energía agresiva es una energía natural. Marte es el significador astrológico más obvio de la agresividad, y todos nacemos con Marte en uno u otro lugar de la carta natal. Es decir, todos nacemos con impulsos agresivos innatos. En este artículo me propongo explorar tanto los aspectos positivos como los negativos de la agresividad, en cuanto se relacionan con la carta astrológica.

La agresividad es un componente innato de nuestra estructura biológica, lo mismo que el impulso sexual es una parte esencial de nuestro equipamiento instintivo de seres humanos. Para la humanidad, el sexo está al servicio de un propósito positivo muy obvio; sin él no estaríamos aquí. Cabe entonces preguntarse por qué la agresividad, que también es parte natural de nuestra herencia biológica, no habría de servir igualmente a un importante propósito evolutivo. Es interesante que Marte haya estado asociado tradicionalmente tanto con el sexo como con la agresividad. Los astrólogos siempre hemos sabido que la ciencia descubrió hace relativamente poco tiempo; la estrecha relación entre sexualidad y agresividad. Supongo que recuerdan ustedes el famoso Informe Kinsey, que se publicó durante los años cincuenta. Kinsey encontró una estrecha correlación fisiológica entre lo que se observa en una persona encolerizada y lo que se advierte en una persona movilizada por la excitación sexual. De hecho, en un estudio halló catorce cambios fisiológicos comunes tanto a la excitación sexual como a la ira, y solamente cuatro que diferían. Es bastante común que una pelea entre amantes termine en un orgasmo, y también que en mitad de un contacto sexual, éste se convierta en una pelea. La psicóloga norteamericana Clara Thompson precisa de esta manera lo que es la agresividad:

La agresividad no es necesariamente destructiva en modo alguno. Dimana de una tendencia innata, que parece ser característica de toda materia viviente, a crecer y a dominar la vida. Sólo cuando esta fuerza vital se ve obstruida en su desarrollo se hacen presente junto a ella los ingredientes de cólera, odio y furia.

Clara Thompson

Si bien es cierto que debemos tratar de reducir las expresiones negativas de la energía agresiva, parece ridículo, e incluso imprudente, el intento de liberarnos totalmente de una parte de nuestra naturaleza que es innata y que quiere dominar la vida. Es verdad que en torno de nosotros y en nuestra vida cotidiana vemos las formas más desagradables de la agresividad: personas a quienes se asesina, se tortura y se somete a diversas formas de crueldad psicológica. Es indudable que Marte puede descontrolarse. La agresividad también puede volcarse hacia adentro, atacar a la mente y al cuerpo y convertirse en un factor que provoca o agrava enfermedades cardíacas, problemas de piel, afecciones gástricas o disfunciones sexuales. Al mismo tiempo que detestamos estas formas negativas de la agresividad, debemos tener presente su otro rostro –el de nuestra agresividad básica, natural y sana-, que es loable y digno de estima y que no debemos desatender si nos interesa nuestra supervivencia.

Sexo y agresividad

¿Qué es, entonces, lo que nos da Marte? Le debemos la voluntad de cultivar o desplegar lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Cuando este deseo de crecer, progresar y avanzar se ve bloqueado (por otras partes de nuestra propia naturaleza o por la acción de otras personas), se convierte en cólera. Queremos avanzar, y nos sentimos frustrados si algo nos lo impide. La cólera se puede entender como un movimiento bloqueado.

Agresividad sana es, también, el impulso positivo a comprender y dominar el mundo exterior; es una fuerza interior muy profunda que nos proporciona el ímpetu necesario para aprender cosas nuevas. Es la agresividad que hay en nosotros lo que nos da la posibilidad de estudiar una materia, de leer un libro, de responder “sí” o “no”. Si en nuestra carta no estuviera Marte, no seríamos capaces de aprender un idioma nuevo, de preparar con éxito una receta complicada o de resolver un problema matemático difícil. Incluso en el lenguaje se refleja esto: atacamos un problema, vencemos una dificultad, nos enfrentamos con un obstáculo, nos dan un diploma que acredita nuestro dominio de una especialidad. Bien puede uno tener gran inspiración artística, que si no tuviera a Marte en su carta sería incapaz de poner en orden las telas o de ir en busca de los pinceles. Marte lo pone a uno en marcha, o –como lo expresó alguna vez  Dane Rudhyar- “Marte es la fuerza que mueve a germinar a la semilla”. Allí donde Marte esté operando en la carta es donde puede ejercitarse esta forma sana de la agresividad.

Recuerdo que cuando empecé a estudiar astrología solía observar en mi carta los tránsitos de Marte. En ocasiones, Marte generaba en mí conductas desaforadas, frustración, cólera, malos momentos o dolores de cabeza. Pero otras veces los tránsitos de Marte correspondían a aquellos días en que yo me sentía más vivo y pleno de vitalidad, con una exuberante sensación de estar listo para cualquier cosa. Recuerdo haber estado sentado en el metro de Boston, el día que Marte pasaba sobe mi Medio Cielo, y haber tenido una especie de experiencia cumbre: todo estaba amplificado, vívido, exaltado y vibrante. Me sentía la encarnación de Marte. El cuerpo se me estremecía como con escalofríos de placer (lo que en  bioenergética se llama streaming). Me sentía latir; me exaltaba mi propia capacidad de ser y de hacer, de estar dispuesto para lo que pudiera suceder.

Ya ven ustedes que el principio de Marte, como tal, es sumamente paradójico. Marte nos impulsa a actuar de maneras que afirman nuestra identidad y nuestro propósito, y sin embargo, puede dar origen a formas de comportamiento desagradables. Esta expresión dispar de la energía agresividad se ve con gran claridad en mitología, cuando se pone uno a analizar la forma tan diferente en que presentaban al dios Marte los mitos griegos y romanos.