La Iniciación como arte de de vivir

Entrevista a José Marcelli Noli, Sat Arhat de la Suprema Orden del Aquarius, realizada en 1997, con contenidos totalmente vigentes en la actualidad.

Para comenzar, se impone una pregunta: ¿Qué es iniciación, así, a secas, con todas las letras minúsculas, con una mayúscula o con todas mayúsculas, con subrayado o sin subrayado, etcétera? Las respuestas son muy variadas y la mayoría de ellas son sorprendentes por sus alcances, misterios, claves, trascendencia y porsupuestos. Pero hay una respuesta sencilla: iniciación es comienzo. ¿Comienzo de qué? De lo que sea, sea espiritual, material o trascendental. ¿Entonces? Los iniciados son los que no están terminados. Si alguien ya está terminado, entonces necesita que lo entierren o lo conviertan en ceniza. De otro modo se convierte en un problema para los que no están terminados.

Me hago cargo de que esta forma de hablar de la iniciación suena irrespetuosa, profana y hasta intelectual para muchos. Acepto el riesgo. Es muy probable que al hacerlo ponga en tela de juicio mi grado de Iniciado Real. Me parece bueno para mi salud el riesgo, y también para la salud de otros que andan buscando lo mismo que yo por medio de la iniciación. ¿Qué busco al hablar de este modo? Busco reflexión, evaluación, consciencia. ¿Y la fe? Mis respetos para la fe. Ya hemos tenido muchos milenios de eso. Nos ha servido mucho y ahora necesitamos algo más. Necesitamos conciencia, para unirla con la fe y convertirla en sabiduría. ¿Otra doctrina, filosofía o ideología? No. Ya tenemos muchas. No es buen negocio producir más de lo que ya sobra. Necesitamos un poco de sentido común. Ya sé que es el menos común de los sentidos, ciertamente. Tal vez es poco común porque recurrimos muy poco a él y lo suplantamos por lo fácil, lo llamado mágico o simplemente por la imaginación sin hondura. De acuerdo con nuestra época de mercadeo, de producción en serie y de consumo, el sentido común necesita un poco de publicidad, para hacerse conocer y hasta magnificarse entre los calificativos grandiosos que se dan a muchos asuntos triviales. Por ejemplo, creo que servirá un reclamo como este:

LA INICIACIÓN REAL ES LA OCTAVA SUPERIOR DEL SENTIDO COMÚN

Como en todo, al hacer esta clase de slogan habría que tener en cuenta a la competencia, a los intereses creados, a los salvadores de la humanidad, a los poseedores de la verdad, los terroristas espirituales y a otros menos notables que siempre están dispuestos a defender a Dios, a la naturaleza y a la raza al estilo Kamizake, con auténtica sinceridad y abnegación. Es probable que, al publicitar al sentido común, aparecieran contrarreclamos como éste:

EL SENTIDO COMÚN ES AMOR

Y todo seguiría igual, porque todo lo humano y la Naturaleza es producto del amor, independientemente de que los Seres humanos seamos afectos al sentido común. Tampoco faltaría algún filósofo que aprovecharía la ocasión para decir algo ingenioso, como esto:

LO DIVINO ES ETERNO, NO ES COMÚN, NI NECESITA SENTIDO

Cierto, el problema está en que lo divino se manifiesta en lo común y somos nosotros los comunes Seres humanos los que le damos sentido.

¿Entonces? Pues resulta que lo común es la vida, pasiva y activa, en existencia y en forma; en noche y en día, en vida y en muerte; que se integra y desintegra, que se vive y que se muere, y que en su inmensa complejidad destila experiencias y conciencia. La vida es una eterna iniciación.

Si alguien quiere armonizarse consigo mismo tiene que armonizarse con la vida, porque es lo único que tiene, y lo único que tiene se crea y se recrea, cambia, se experimenta y mejora, evoluciona; siempre está comenzando, nunca termina; es espiral, centrípeta y centrífuga; actúa como un corazón, en sístole y diástole, en nuestro Ser y en nuestra persona humana.

Puntualicemos

¿Cómo se inició la iniciación? O lo que es lo mismo, ¿cómo se inició la vida? La vida nunca se inició. Su condición es ser un eterno comienzo, sin principio ni fin. ¿Es necesaria otra explicación con algo de sentido común? Ensayémosla.

Hay algo que Es, que siempre ha sido y que siempre será. Nadie puede saber lo que es, a menos que examine lo que fue, lo que es y lo que probablemente será, es decir, lo que manifiesta ser en la Naturaleza y en lo Humano. ¿Cómo se manifiesta lo que es? Hagamos una hipótesis: ESO, que se manifiesta como vida, se expande y se contrae, vibra, produce movimiento. Solamente desde este punto de vista podemos plantearlo, como movimiento. Por su propia expansión y contracción el movimiento se hace curvo y continuo, espiral, centrípeto en la contracción y centrífugo en la expansión. El movimiento espiral y centrípeto concentra las vibraciones en porciones que podemos entender como partículas. Las partículas se asocian en conjuntos y conjuntos de conjuntos que al sumar sus características particulares influyen en otros conjuntos de partículas que eventualmente se asocian con ellas y estructuran conjuntos más poderosos. Así, los conjuntos de partículas se organizan gradualmente y adquieren la capacidad de acumular experiencias, las experiencias de sus conjuntos y conjuntos de conjuntos que, en suma, representan una experiencia mayor que la de una sola partícula o conjunto de partículas. De este modo se produce la evolución, considerando que los conjuntos de conjuntos de partículas interactúan con otros conjuntos y conjuntos de conjuntos y adquieren cada vez características más distintivas de su conjunto.

José Marcelli

Dentro de este proceso, llega el momento en que la experiencia acumulada por un conjunto hace que éste adquiera conciencia de sí mismo y se individualice. Ese es el momento en que aparece el Ser con la forma Humana. Es el Homo sapiens, el Ser que se piensa a sí mismo como individuo y descubre su soledad. Entonces comienza el largo proceso de la religación, de la religión, del acercamiento temeroso a las fuerzas de la Naturaleza, a los espíritus, a las espirales que mueven a la Naturaleza, en forma centrípeta y centrífuga, a los entes incorpóreos que se manifiestan con sus actos poderosos frente a la vulnerabilidad del Ser humano, pero que en sí mismos son invisibles e intangibles, y requieren del acto mágico para recibir las ofrendas y las reverencias de los hombres. Una piedra, un pedazo de madera, un árbol, un río, una montaña o un animal pueden servir de intermediarios.

El problema está en que los espíritus de la naturaleza pueden ser benéficos o maléficos y que las ofrendas y los actos devocionales deben ir en acuerdo con las preferencias de los espíritus. ¿Qué le puede gustar a un buen espíritu, de los que producen lluvia, por ejemplo, y hacen reverdecer y florecer a las hierbas y a los árboles y dar frutos? Pues cantos, danzas, orgías y todo lo que hace grata a la vida. ¿Y a los malos espíritus, a los que hacen llover con ira, y derriban árboles y arrastran todo lo que se encuentran a su paso? Ellos, naturalmente, gustan del dolor, de la sangre y de la muerte. Por eso, a la mente y al corazón le preocupan más los malos espíritus que los buenos, al grado de que el dignísimo oficio de lo sagrado, el sacrificio, toma un sentido doloroso.

El intermediario profesional, el brujo, el chamán, el mago, el que relaciona a los espíritus con el Ser humano, aparece entonces e introduce la idea de un Gran Espíritu, como padre de los buenos y de los malos espíritus, el creador, el justo, el Dios Único, al que hay que temer y amar a la vez. Esto trae aparejada la religión única, la del único Dios, que necesita el reconocimiento de su unidad para evitar equivocaciones con otros falsos dioses y genera, inspira, y a veces dirige, la Guerra Santa contra los infieles a la unidad divina,  hasta que un día alguien tiene la ocurrencia de pensar que si Dios es uno solo, no importa el nombre que se le dé ni la forma en que se le busque, porque sigue siendo uno. Esta reflexión conduce a otra: si Dios es Uno, entonces, todas las cosas provienen  de Él y todas las cosas tienen la esencia de Él, así, con su pronombre en mayúscula. Pero los partidarios, o beneficiarios de la guerra santa, no están de acuerdo y gritan ¡Panteísmo! Bueno, sí, panteísmo y panmaterialismo, panespiritualismo y todo el pan que quieran, el pan es la unidad que permanece en el trasfondo de la diversidad, del universo y del individuo.

Si Dios es Uno, y se encuentra en la esencia de todo, también se encuentra en la esencia del individuo; en la mía y en la tuya, en el Ser de todos los seres. Entonces, ¿quién es el responsable de todo lo bueno y de lo malo que sucede? Tú y yo y todos.

Lo que sigue es la noción de responsabilidad individual, porque si Dios es Uno, y se encuentra en la esencia de todo, también se encuentra en la esencia del individuo; en la mía y en la tuya, en el Ser de todos los seres. Entonces, ¿quién es el responsable de todo lo bueno y de lo malo que sucede? Tú y yo y todos.

Así comienza la iniciación sagrada y real, sagrada en su esencia y real en su presencia, sagrada en el ser y real en lo humano del Ser humano.

¿Estamos?

¿En qué estamos? Pues en que somos y estamos. Somos, por necesidad en el Ser y siempre hemos sido y siempre seremos; y estamos y dejamos de estar y volvemos a estar todas las veces que sea necesario en lo humano. El Ser permanece en la unidad y lo humano se crea y se recrea en la diversidad.

Bueno, el juego del ser y del estar puede ser interesante, pero es inevitable la pregunta: ¿para qué? La respuesta también es inevitable: si el Ser es unidad, necesita la diversidad para ensayar sus posibilidades de ser y conocerse a sí mismo. ¿Por qué le atribuimos al Ser esa necesidad? ¿Qué podemos saber del Ser? Es sencillo. Le atribuimos esa necesidad de conocerse a sí mismo porque nosotros tenemos una conciencia individual y necesitamos conocernos a nosotros mismos. Como somos Seres humanos, por lo que nos toque del Ser, tenemos derecho a pensar que el ser, sin dejar de ser unidad, se está conociendo en la diversidad de la Humanidad, por aquello de que cada cabeza es un mundo, o dicho con más elegancia, cada persona es un proyecto original, irrepetible y hasta indispensable. ¿Arrogancia? Tal vez. El Ser puede arrogarse todo, puesto que todo emana de él. ¿Qué tanto sabemos de él? Pues nada más lo que nos muestra, de acuerdo con nuestra conciencia y la interpretación que le da nuestra conciencia. ¿Es mucho más de lo que nos muestra nuestra conciencia?

En eso se fundamenta nuestra esperanza y nuestra dignidad, pues solamente somos iniciados, no estamos terminados, lo mismo que nuestro Ser, reflejado en nuestra persona.

Pareja
La pareja humana

Esto de la pareja humana es un eufemismo para gran parte de la humanidad. Las parejas son raras. Lo que abundan son las disparejas, por razón natural, pues si realmente somos un proyecto original cada uno de nosotros, el asunto se agrava por el hecho de ser proyectos originales en versión femenina y en versión masculina. O sea, que la vida no la vemos igual con los ojos del vecino y mucho menos con ojos de hombre o de mujer.

¿Realmente es posible hacer una pareja?

Si tratamos realmente de hacerla, sí es posible. Si queremos encontrarla hecha es casi imposible, a menos que la pareja sea el resultado de un arduo trabajo interior. El asunto no es nada misterioso ni romántico. Lo que sucede es que para hacer una pareja se necesitan un hombre y una mujer y la pareja solamente se puede hacer conciliando las necesidades de él y las necesidades de ella, es decir, consiguiendo respuestas mutuas, complementarias, y no solamente respuestas para el hombre o para la mujer. Es posible porque tanto el hombre como la mujer son el Ser manifestado en una porción masculina o femenina que siempre lleva implícita la naturaleza total del Ser. Lo que busca un hombre en una mujer es la parte oculta de él mismo, y viceversa. Es lo que necesita para sentirse un Ser total, aquí, en la realidad, sin renunciar a su condición de hombre o de mujer.

Si se entiende bien esto, las posibilidades de hacer una pareja aumentan y la necesidad de hacer pareja se justifica no solamente como medio para recrear la vida, sino para vincularla a lo sagrado y eterno del Ser.

Hay que revisar serenamente algunas consejas o porsupuestos que nos han servido en el pasado para atenuar la parte más animal de nuestra naturaleza, pero que ahora son ya una rémora. Por ejemplo, aquello de “castidad y pobreza”. ¿Castidad? ¿Quién inventó la castidad? ¿Fue Dios? ¿Entonces, por qué inventó la dualidad y la recreación de la dualidad en diversidad? Practicar la castidad por sistema es acabar con la vida por sistema. Hacerse adepto a la pobreza es negar el dignísimo esfuerzo que hace la vida para encontrar mejores condiciones de desarrollo. El dinero es esfuerzo humano simbolizado con medios de intercambio, como los billetes, monedas o documentos de crédito. Sin el respaldo del trabajo humano los billetes y los documentos de crédito son papeles para el cesto de la basura, y las monedas, sin ese respaldo, sólo sirven como arandelas.

Lo que se necesita es usar el sexo y el dinero como instrumentos de servicio mutuo y no como instrumentos de poder y dominación. Hace falta una verdadera educación es este aspecto. ¿Qué ofrecen quienes proponen la castidad y la pobreza? La muerte. Sólo después de muertos tendremos la recompensa. Bueno, es solamente una posibilidad, pero también, aquí, tenemos la vida y hay que aprender a vivirla con toda su plenitud, sin olvidar que la muerte es solamente la forma pasiva de la propia vida. El esquema se repite: la vida activa es la expansión en la manifestación del Ser, y la muerte es la contracción. No hay más.

Si la iniciación es la vida, el Iniciado debe ser un Iniciado Real, un Iniciado viviente, no solamente teórico, esotérico o imaginativo. La Iniciación es el verdadero Arte de vivir, puesto que implica vivir y servir a la vida con la mayor calidad y excelencia, como nos enseñó a sus discípulos el Doctor Don José Manuel Estrada, mejor conocido como el Hermano Mayor.

El Iniciado Real no es un Ser humano remontado en una nube de espiritualidad sentimental, sino un Ser Humano que vive la vida a fondo con todas sus consecuencias y enseña a otros Seres humanos a vivirla con dignidad.

El arte de vivir

He hablado de la pareja humana porque es necesario entender el plan de la Vida. Cuando era niño y asistía a la doctrina me dijeron que Dios es tres personas distintas y un solo Dios verdadero, además, agregaron que nosotros, los Seres humanos, estamos hechos a Su imagen y semejanza. No entendí nada a esa edad, pero ahora me parece claro. Somos tres seres distintos y un solo Ser Verdadero, es decir, el Ser, en versión mujer y en versión hombre, sin dejar de ser un solo Ser. ¿Qué más? Si entendemos y logramos vivir esto, entendemos el plan de la vida: Unidad y dualidad, para comenzar. Luego se produce la diversidad con los hijos y las circunstancias que crean los hijos.

Hay que plantear el Arte de Vivir a través de la pareja, la familia, la sociedad, la cultura y todo lo que esto trae aparejado. Esto suena muy convencional y decepcionante para los amantes de la libertad, del Arte mismo, de la Religión y hasta de la guerra y el Arte Castrense. Por ahí anda la castidad y la pobreza otra vez. Bien, admito que es posible ser solista en el Arte de Vivir, porque, de todos modos, nacimos solos, sin olvidar que nacimos por obra de dos. Los senderos de los monjes, de los soldados o de los artistas solitarios son dignos de respeto en algunos casos, aparte de que algunos monjes, soldados o artistas buscaron el camino solitario para no afrontar las circunstancias de la vida en pareja, lo cual los marginó del arte de vivir.

Como en todo Arte, el Arte de Vivir requiere de un largo aprendizaje del oficio del artista. Cuando no hay un verdadero oficio no hay un verdadero artista, por más que la inspiración fluya a raudales. El oficio del artista de la vida comienza con el oficio de comer, de saber comer, así, simplemente, aparte de los refinamientos que pueden aportar los dilettanti o los gourmets. Aprender el oficio de comer, además de la masticación, la insalivación y la degustación, que son herramientas que hay que manejar correctamente, consiste en dar respuesta apropiada a las necesidades de recreación, renovación y reconstrucción del cuerpo material que sustenta la base de nuestra personalidad e individualidad. Para esto hay que atender con precisión las instrucciones, requerimientos, insinuaciones y órdenes perentorias que emite nuestro cuerpo por medio del instinto de conservación, en forma de hambre, sed, apetito, gusto o rechazo por determinados alimentos. Un cuerpo bien alimentado y saludable es como la piedra o la arcilla para el escultor, la tela, la superficie aderezada para el pintor, o el instrumento para el músico.

El cuerpo es vida, es movimiento, el cuerpo necesita ejercicio para mantenerse apto y receptivo como instrumento de la vida. El ejercicio, por analogía, es como el cincel, el pincel o la partitura para los artistas. Además, el cuerpo requiere de limpieza, de nitidez y de pureza para que la forma, el color o la música puedan fluir e influir en él para expresarse como una obra de arte.

Lo que sigue, para el Arte de Vivir, es el sentido, el mensaje, la utilidad del cuerpo como instrumento de la vida, es decir, como instrumento inteligente, mediante la observación, la investigación y la meditación necesarias para colaborar con el desarrollo eficiente del Plan Cósmico de la vida particular y universal.

Naturalmente, el aprendiz del manejo de los instrumentos del oficio, y el oficio mismo del Arte de Vivir, incluye la interacción entre el individuo y el universo, la espiralidad centrípeta y centrífuga de la sístole y la diástole cósmica, la práctica del amor y la libertad, el Rit, el ritual del ritmo, el Ceremonial Cósmico practicado en sintonía con las formas y las existencias usuales en el lugar y la época en que el artista hace su obra.

En adelante, comienza la Iniciación y en lo Sagrado, lo sacro, lo secreto, en el potencial puro del Ser que se inicia en el Silencio y se prolonga en el Vacío de los Centros Sagrados que propician la experiencia de lo eterno de las fuentes de la vida.