La agresividad sana como necesidad positiva de dominio

La energía agresiva es una energía natural. Marte es el significador astrológico más obvio de la agresividad, y todos nacemos con Marte en uno u otro lugar de la carta natal. Es decir, todos nacemos con impulsos agresivos innatos. En este artículo me propongo explorar tanto los aspectos positivos como los negativos de la agresividad, en cuanto se relacionan con la carta astrológica.

La agresividad sana nos impulsa a abarcar y dominar el mundo externo. Es una fuerza profundamente arraigada en nosotros que nos aporta la motivación para aprender.

Es la agresividad que hay en nosotros lo que nos permite hacer cosas, tales como seguir un curso, hacer una dieta, aprender a conducir y otras semejantes. Nos hace falta Marte para demostrar al mundo que somos capaces de defendernos solos. Si esa agresividad sana que nos lleva a dominar o abarcar el mundo no se canaliza, no se usa, se nos acumula dentro; entonces es cuando andamos por ahí en busca de pelea. En este aspecto, no es muy diferente del impulso sexual, que también se acumula si no se le permite expresarse.

En su libro Human Aggression, el doctor Anthony Storr relata un experimento que hizo Lorenz con peces de la especie de los cíclidos, que desde que nacen son especialmente agresivos y necesitan tener vecinos hostiles sobre quienes descargar su agresividad. Si no disponen de vecinos que los frustren o con quienes puedan ser hostiles, su agresividad no desaparece, sino que se canaliza de otras maneras. Los investigadores escogieron una familia de cíclidos y la aislaron, sacándola de un tanque donde tenían vecinos hostiles. En su nuevo tanque no estaba más que la pareja de cíclidos y un par de pequeños. Lo que sucedió fue que el cíclido macho, cuando no tuvo nadie más con quien pelear; empezó a agredir a la hembra y a los pequeños. Y cuando los pusieron fuera de su alcance, el macho empezó a arremeter contra las profundidades del tanque, una actividad a la que, curiosamente, los investigadores dieron el nombre de “excavar”.

Es un poco como el hombre que se va a hurgar la tierra en el jardín en vez de expresar su enojo con su mujer. Marte en la casa cuatro podría ser un poco como el cíclido. Normalmente, después de una larga jornada fuera de casa o en el trabajo, cuando uno vuelve a su hogar (la cuarta casa) lo único que quiere es relajarse y estar tranquilo. Poner los pies en alto, beberse una cerveza, mirar televisión, meditar o lo que sea que cada uno haga para aflojarse. Pero los que tienen a Marte en la casa cuatro, cuando vuelven del trabajo se lo encuentran en su hogar: La agresividad que no han expresado durante la jornada, se la llevan consigo a casa y la descargan en el escenario doméstico.

Pero aquí no son sólo los padres quienes se equivocan. Hay una tendencia interior a permanecer bajo la protección parental y a no crecer jamás. Puede suceder que nosotros mismos no aceptemos esa forma de nacimiento que es salir de la matriz parental o cortar el cordón umbilical psicológico. Es probable que una parte de nuestra propia naturaleza quiera contar siempre con alguien que sea grande y fuerte. La Luna, Venus y Neptuno apuntan a partes de nosotros que quieren perderse en otra persona, relejándose, fundiéndose, mezclándose y dejándose tragar por alguien o por algo mayor que nosotros. Necesitamos a Marte para contrarrestar estas tendencias lunares, venusinas y neptunianas. Si Marte está en un aspecto difícil con alguno de de estos tres planetas, tenemos un dilema entre estas tendencias contrapuestas, entre la parte de nosotros mismos que quiere ser independiente y la parte que no lo desea en absoluto.

Luego hablaremos de los diversos aspectos de Marte, pero pensémoslo ahora un momento. La Luna representa la necesidad de mantenerse en una situación regresiva, en una fusión con la madre de una estructura casi uterina. EL Sol y Marte, sin embargo, son principios que se hacen valer más; representan la necesidad de distinguirse uno mismo como ser separado e independientemente por derecho propio. Marte es una especie de secuaz del Sol. El principio solar nos define como identidades diferenciadas y conscientes, y después viene Marte a hacer lo necesario para afirmarlo, para que precisemos y demostremos nuestra individualidad. Cuando Marte está en conflicto con la Luna, se produce un dilema entre la parte de nosotros mismos que quiere que crezcamos para afirmarnos e independizarnos (Marte), y la que quiere que sigamos estando fundidos con lo que ya conocemos (la Luna). Hay una tensión entre la necesidad de explorar y crecer y la necesidad de seguridad y certeza.

Todos necesitamos encontrar canalizaciones positivas y constructivas para nuestros instintos agresivos y para nuestra necesidad de dominar algo en la vida y de aprender cosas diversas. La casa donde está emplazado Marte señala cuál es la esfera de la vida donde con más naturalidad se lo puede lograr. También los aspectos de Marte apuntan hacia el tipo de canalización que tiende a escoger una persona para afirmar, por su intermedio, su necesidad de dominar la vida. Por ejemplo, si Marte está en aspecto con Neptuno, es posible encontrar una salida para el deseo de hacerse valer y de dominar la vida en actividades neptunianas como la música, la danza, las profesiones curativas, etc. Marte en aspecto con Mercurio puede expresar el impulso marciano cultivando su capacidad mental, sus condiciones para la comunicación o el estudio. Más adelante hablaremos de las connotaciones de los diferentes planetas en aspecto con Marte,