La agresividad sana como impulso para cumplir nuestra misión

La energía agresiva es una energía natural. Marte es el significador astrológico más obvio de la agresividad, y todos nacemos con Marte en uno u otro lugar de la carta natal. Es decir, todos nacemos con impulsos agresivos innatos. En este artículo me propongo explorar tanto los aspectos positivos como los negativos de la agresividad, en cuanto se relacionan con la carta astrológica.

El filósofo Paul Tillich escribió en una ocasión:

Al hombre su ser no solo le es dado; también le es exigido. Es responsable de él. (…) Al bién le es exigido. Es responsable de él. (…) Al hombre se le pide que llegue a ser lo se espera que llegue a ser, que cumpla su destino.

La agresividad sana, tal como la simboliza Marte, es la forma en que llegamos a ser, por nuestro propio esfuerzo, lo que se espera que seamos. Si negamos a Marte por temor de su lado más negativo, estamos en peligro de perder el contacto con la parte de nosotros mismos que quiere que crezcamos para llegar a concretar lo que somos en potencia. Y cuando ese deseo de crecer queda bloqueado (sea por otras personas, por acontecimientos externos o por otra partes de nosotros mismos), entonces esa energía se convierte en cólera.

Marte es la voluntad del ego heroico, la capacidad de hacernos valer, de salir fuera a conseguir lo que queremos.

Esto hay que verlo un poco más en profundidad. Marte es la voluntad del ego heroico, la capacidad de hacernos valer, de salir fuera a conseguir lo que queremos. Sin embargo, como señalaba Jung, “hay cosas superiores a la voluntad del ego, y ante ellas debemos inclinarnos”. Esto nos da a entender que nuestra voluntad individual o personal puede actuar de acuerdo con una voluntad superior, o estar en pugna con ella.

Ahora tengo que ponerme filosófico. Creo que todos tenemos un Sí mismo (con mayúscula). Un ser nuclear más profundo que guía, encauza, regula y supervisa nuestra evolución. Así como una semilla de manzana “sabe” que está hecha para ser un manzano y no un peral, hay una parte de nosotros que sabe para qué estamos hechos.

Perseo

Uno de los problemas con Marte es que nuestra voluntad personal, la de nuestro yo, puede o no coincidir con lo que quiere nuestro Sí mismo profundo y nuclear. Marte toma decisiones tendentes a afirmar quienes somos, pero la gran interrogante es si las decisiones que toma están o no de acuerdo con la identidad y el propósito innatos que tenemos por misión concretar.

San Agustín escribió una vez: “dentro de mí hay uno que es más yo que yo mismo”. La filosofía oriental se vale del término dharma para denotar la misión intrínseca, presente desde el nacimiento, que uno tiene que cumplir. El dharma de una mosca es zumbar, el de un león es rugir, el del fuego es arder. Marte es el agente activo de la psique que nos da la energía y la disposición para cumplir nuestro dharma, es decir, para concretarlo, expresarlo y darle forma. Pero existe la posibilidad de que el propio Marte intente dirigir el espectáculo, de que nuestro ego individual o personal quiera algo que no corresponde al momento o que de alguna otra manera no coincida con lo que quiere para nosotros nuestro Sí mismo más profundo. Dicho de otra manera, en vez de zumbar, a la mosca puede ocurrírsele rugir, o en vez de rugir, al león puede darle por zumbar.

Este conflicto entre lo que uno quiere para sí y lo que se propone el Sí mismo más profundo se ve con mayor claridad cuando Marte tiene aspectos difíciles con los planetas exteriores. Más adelante hablaremos de los aspectos de Marte, pero sobre este punto me gustaría decir algo más ahora. El poder de los planetas exteriores es superior al de Marte, porque están en acción fuerzas que, en última instancia, quieren hacer entrar en vereda a Marte, someterlo a sus exigencias, obligarlo a apoyar la rodilla en tierra. Veamos más detalladamente lo que quiero decir con esto.

Tomemos los aspectos Marte/Plutón. Marte tiene que inclinarse ante la voluntad de Plutón. Podríamos estar semanas enteras hablando de lo que implica Plutón, pero en todo caso es cierto que, en un sentido, se lo puede entender como la fuerza inexorable que mueve la historia. Plutón es una fuerza que nos obliga a morir como niños para renacer como adolescentes, a morir como adolescentes para emerger como adultos. Plutón representa el lento e inexorable avance de la vida: la muerte de una fase y el nacimiento de una nueva, independientemente de que lo queramos o no. Alguien puede no desear ir más allá de la pubertad, pero no hay manera de impedir que se dé este proceso, como no sea suicidándose.

Es probable que Marte anhele apasionadamente un trabajo determinado o una determinada relación, y que Plutón tenga una opinión muy distinta sobre el tema. “Creo que no conseguir eso que quieres –puede decirnos Plutón- será mejor para lo que necesitas y te servirá para cultivar ciertos rasgos que son propios de ti y que no se podrían desarrollar si consiguieras sin más ni más lo que crees necesitar.” Y entonces Marte se queja estrepitosamente de que no entiende lo que pasa: él se ha entrenado para hacerse valer, ha hecho cursos de autoafirmación, ¡y ni por esas puede conseguir lo que quiere! Nuestro ego puede desear algo ardientemente, pero si ese algo no coincide con la voluntad del Sí mimo más profundo, simplemente no lo conseguiremos. O si lo conseguimos, nos encontramos con que no es lo que esperábamos que fuera.

Supongo que reconocen ustedes el problema. Yo lo he visto con suma claridad en las cartas en que Marte tiene un aspecto difícil con Plutón o con Neptuno. En este último caso, Neptuno puede pedirnos que renunciemos a algo que se relaciona con Marte, es decir, que nuestra voluntad personal se someta a algo superior. Es probable que Marte reaccione insistiendo cada vez más en conseguir lo que quiere… que saque todas las señales de stop y se empeñe en ganar a cualquier precio. Marte puede tratar de conseguir que su voluntad se convierta en ley. ¿Han intentado alguna vez luchar contra la ley cósmica? Isabel Hickey solía decir que cuando uno se empeña en romper una ley cósmica, lo que termina por conseguir es quebrase el pescuezo en el intento. Si alguna vez prueban saltar por la ventana de un décimo piso porque están convencidos de que pueden desafiar a la gravedad… buena suerte.

El mismo dilema puede presentársele a alguien que tenga a Marte en trígono o sextil con Plutón o Neptuno, pero parece que estas personas fueran más rápidas para acomodar su voluntad personal a la de los planetas exteriores, o que les costara menos. En este caso, la voluntad más profunda del Sí mimo (Neptuno o Plutón) puede estar advirtiendo: “en este momento no puedes tener una relación, porque es necesario que crezcas en otros sentidos”, en tanto que la voluntad personal (Marte) está diciéndose: “vaya, qué bueno sería andar un tiempo solo para ver que tal es eso. “ Dicho de otra manera, cuando los aspectos entre Marte y los planetas exteriores son más fluidos hay más probabilidades de que uno se encauce naturalmente en la dirección en que quiere verlo andar su Sí mismo nuclear. Digámoslo parafraseando al analista junguiano James Hillman: tus sentimientos se vierten en el cauce de tu destino y tú te reconcilias con los acontecimientos. El propio  Jung escribió en una ocasión que “el libre albedrío es la capacidad de hacer alegremente lo que debo hacer”.

Marte es necesario para realizar nuestro dharma, para concretar nuestra identidad intrínseca. Quizás choque insistentemente contra aquello en que debemos convertirnos, pero en última instancia lo necesitamos para llegar a ser nosotros mismos. Marte nos permite tomar las decisiones que nos llevarán a ser lo que realmente somos. El filósofo danés Kierkegaard creía que la forma más común de la desesperación consiste en no ser uno quien es. Y agregaba que una forma aún más profunda es el intento de ser alguien diferente de quien se es. Si negamos o reprimimos completamente a Marte, porque tenemos miedo de ser violentos, egoístas o absorbentes, es probable que simultáneamente echemos a la papelera todo lo que hay de saludable en nuestra agresividad. Y al hacer esto perderemos la capacidad de hacernos valer, de defendernos y de decidir lo que queremos, y además la libertad de elegir los fundamentos de nuestra propia vida y de nuestro destino.