Hablemos de Qabbalah

El presente artículo es el resultado de una serie de cápsulas para programas de televisión que el Muy Honorable Maestro José Michán grabó para la televisión de Costa Rica.

Cábala, Kábala y Qabbalah

La Cábala escrita con la letra “C” es la Cábala profana que encontramos en los libros de divulgación y que es generalmente la que conoce la mayoría de la gente.  Después tenemos una Kábala superior, escrita con “K”, que tiene relación con la simbología y que, por tanto,  con el intelecto. Finalmente, entramos al verdadero estudio de la Qabbalah, que es con “Q” y con doble “b”, y tiene relación con la realización.

El individuo que va a entrar en el estudio de la Qabbalah requiere una disciplina estricta en el cuidado de su cuerpo, con el objeto de mantener la mente despejada. En la antigüedad, los rabinos no permitían acceder al estudio de la Qabbalah a quien tuviera deficiencias mentales o físicas y que no llevara una disciplina estricta. Lo mismo sucedía en las escuelas pitagóricas, de modo que el individuo falto de salud o que no coordinaba correctamente su mente, no podía entrar a la escuela de los de altos estudios.

La Qabbalah real no está escrita, si no que se ha transmitido siempre de labio a oído, de maestro a discípulo. Por tanto, es requisito indispensable contar con un maestro de carne y hueso, que guiará al discípulo en el estudio en profundidad de la Qabbalah.

El verdadero qabbalista no es un individuo que se llena de símbolos, o de un gran conocimiento intelectual, sino que es un individuo que en cualquier lugar donde actúa, aplica este conocimiento y lo convierte en sabiduría, beneficiándose a sí mismo y beneficiando a los demás. De este modo, cuando el qabbalista enfrenta algún problema, tiene la capacidad para encontrar la solución en el mínimo de tiempo y con el máximo de eficiencia, trabajando en armonía con el universo y respetando sus leyes.

Qabbalah y Tarot

Se dice que la Qabbalah es la ciencia de los veintidós porque se basa en los veintidós arcanos mayores que tienen relación con las veintidós letras del alfabeto hebraico, de modo que cada una de estas veintidós letras se relaciona con uno de los arcanos. En los veintidós arcanos mayores, se refiere a la divinidad con distintos nombres, y su significado tiene una aplicación diferente dependiendo del propósito en cada momento.

Tarot

El árbol sefirotico

La Qabbalah está basada en el árbol de la vida o árbol sefirótico. Este árbol de la vida está formado por diez sephiroth, conectados mediante treinta y dos vías. Cada una de las sephiroth representa un esplendor o vehículo de transformación. 

Los diez sephiroth representan escalas o planos de manifestación que se proyectan en los mundos material, emocional, intelectual y espiritual. De este modo, el árbol sefirótico contempla cuatro etapas. La más densa es la parte inferior, representada por Malcuth y la parte más sutil es lasuperior, representada por Kether.

Así mismo, los diez sephiroth forman tres columnas, la llamada columna del rigor, la columna de la clemencia, ambas relacionadas con las dos columnas del templo de Salomón, y la columna central. A su vez, tiene relación con los tres nadis o canales energéticos principales de la tradición yóguica, como son el idapingala y shushumna. De este modo, el desarrollo individual se fundamenta en el árbol sefirótico, ascendiendo por los diferentes niveles, desde Malcuth hasta Kether, en analogía con la tradición yóguica, en la que el individuo comienza despertando el chakra muladhara, ascendiendo hasta el sahasrara padma. La energía kundalini en qabbalah se llama el ruah y debe circular por el canal central. Así, el qabbalista llega a la iluminación recorriendo las vías o senderos de cada uno de los sephiroth, partiendo desde lo más denso hasta  lo más sutil.

Las veintidós letras

Cada una de las veintidós letras del alfabeto hebreo está relacionada con una vía de realización. La combinación de ellas forma las palabras y nos da el esquema o  shema, para desenvolvernos, desarrollarnos y  madurar. En el alfabeto hebraico no existen vocales, sino solo consonantes. La formación de las vocales se realiza por la letra que antecede y por la letra siguiente.

Estas veintidós letras tienen cada una un símbolo de representación, pero todas se desprenden de la décima letra que es Yod que representa el principio y el fin.  Cada una se relaciona con uno de los arcanos mayores del tarot y están divididas en letras madres y  letras dobles, donde cada una de ellas representa una manera de enunciar la forma divina.

La letra Aleph tiene una relación con el alfabeto que nosotros conocemos con la letra “a”, la letra beth con la “b”, la letra guimel con la “g”, la letra daleth con la “d”, y cada una de estas letras también representa un número.

La numerología en relación con la Qabbalah.

En la imagen vemos los números que corresponden a cada una de las letras del alfabeto hebraico. La letra Aleph tiene relación con el número uno, la Beth con el número dos, Guimel con el número tres, hasta llegar a la letra Yod con el número diez. Con estas letras, hasta llegar al número veintidós, estamos manejando la numerología como números ordinarios. pero existen también lo que se llaman los números guamétricos, geométricos y también valores secretos.

Así, por ejemplo, cuando nosotros mencionamos el nombre de la Divinidad a través de Yod-He-Vaw-He. Este esquema está compuesto por cuatro letras: Yod que vale diez, He que vale cinco, Vaw que vale seis y otra vez la letra He que vale cinco. Esto suma veintiséis y cuando recurrimos a la Biblia, vemos en el Génesis, capítulo uno, versículo veintiséis, que dice: “creemos al hombre a imagen y semejanza de uno de nos”.

¿Por qué el nombre de la Divinidad contiene el principio masculino y el principio femenino? Cuando el varón descubre su femenino y la mujer descubre su masculino, entonces viene una plena identificación con el árbol qabbalístico que le permite entender las vías de realización y los mundos de manifestación. Estos cuatro mundos de manifestación tienen que ver con los sentimientos, con nuestra actitud física y con los pensamientos.

El Templo de Salomón

La mayoría de ustedes habrán escuchado acerca del Templo de Salomón y de la sabiduría salomónica. En el pórtico del templo de Salomón aparecen dos columnas y sobre ellas un triángulo. Mediante estas dos columnas y este triángulo central es como se construyen los templos del espíritu o templos del alma en la masonería.

Cada una de las columnas tiene inscrita una letra. Una es la letra “b” y la otra que es la letra “j”. Una representa la columna del rigor y otra representa la columna de la misericordia o la clemencia. El triángulo representa la triada superior. En el centro representamos a un ojo que es la puerta de la sabiduría y representa la luz. Una de las columnas representa al sol y la otra la luna, mientras el triángulo superior representa la unión. Podemos señalar la analogía de la palabra Salomón, de tres sílabas, que se asemejan a SOL, OM, MON, esto es, el sol (sol), la luna (mon, moon en inglés) y Aum (om) que significa unión. Así, en el templo salomónico se representaba las formas en que el individuo tiene que avanzar mediante el equilibrio entre el rigor y la misericordia. 

El valor secreto de los números 

El valor secreto de los números se obtiene mediante una fórmula sencilla.  El valor secreto de un número es igual al número por el número más uno, dividido entre dos. Este valor secreto se relaciona con una letra, que a subes se relaciona con un Arcano, un color o un planeta. Esta analogía es aplicada por el qabbalista en su vida diaria para la resolución de cualquier problema o enigma que se le presenta.

Dentro del estudio qabbalístico, si dividimos el número veintidós (letras del alfabeto hebreo) entre el número siete (días de la creación, colores primarios, etc. ) obtenemos el número 3.142857. Su valor entero representa la triada superior, mientras que su parte fraccionaria es el número 142857. Si lo multiplicamos por dos, obtenemos los mismos números (285714); igual sucede si se multiplica por tres (428571),  por cuatro (571428), por cinco (714285) o por seis (857142). Pero si se multiplica por siete  se obtienen el 999.999. Si ahora sumamos uno al 999.999 nos vuelve a dar el número diez, o sea, el principio y el fin, teniendo en cuenta que el número diez es igual al número uno expandido. 

En la tradición Qabbalística, en lugar de poner un número común y corriente como nosotros lo conocemos, ponemos una letra de las veintidós combinada con otra y así nos da el número que queremos marcar.

Las diez sephiroth

Nos vamos a referir de nuevo al árbol sefirótico, compuesto por los diez sephiroth. La triada superior está formada por Keter, Jokmah y Bináh. El triángulo formado por estas tres letras constituye el punto de partida o mundo de la emanación. En la Biblia suele traducirse «en el principio creó Dios los cielos y la Tierra«, pero si leemos el original en hebreo, varah significa emanar, no crear. Por tanto podemos considerar el mundo como una emanación, no una creación.

A continuación, tenemos Hesed, Geburah y Tiferet, que conforman otro triángulo inferior junto con un cuadrado. Las otros cuatro sephirots restantes,Nétzaj, Hod, Yesod y Malkut, forman  el cuaternario inferior. Se deduce que este cuaternario inferior es el mundo material, representado por el fuego, el aire, el agua y la tierra. De este modo, el cuaternario inferior surge como una emanación del mundo superior o emanación divina.

Para evolucionar requerimos de un cuerpo físico donde tenga lugar la  manifestación. Ese cuerpo físico es el que nos crea la necesidad de comer, de dormir, etc.. Pero ese cuerpo físico no nos pertenece, si no que es el vehículo a través del cual Malkut nos permite materializarnos. En este sentido, debemos entender que el cuerpo físico no es la esencia de nuestro ser, si no que es lo que utilizamos para manifestarnos. 

El rostro y los símbolos

Veremos a continuación cómo se relacionan los siete orificios de la cabeza con los planetas. El ojo derecho está regido por Júpiter, el izquierdo por Marte, la fosa nasal derecha por el Sol y la  izquierda por Venus, la oreja derecha por Mercurio y la izquierda por la Luna. Finalmente la boca está regida por Saturno.

Cuando nosotros inhalamos respiramos por una fosa nasal, detenemos, exhalamos y nos quedamos un momento sin aire,  dirigiendo la atención mental hacia alguna zona de nuestro cuerpo, contando los latidos del corazón. Por ejemplo, inhalamos en diez latidos, sostenemos dieciocho, exhalamos en treinta y seis y nos quedamos cuarenta sin tomar aire. 

Saturno en astrología está considerado como el mayor malhechor. Para aquellos que conocen el concepto del karma, podemos decir que Saturno es el planeta que rige la boca, siendo a través de la boca desde donde creamos más karma. Si lo que decimos es algo grotesco, vulgar, que dañe, entonces eso va a crear un efecto nocivo que nos va a regresar. Pero si hablamos para enaltecer, satisfacer, alegrar, de forma que beneficie a los demás, entonces Saturno está siendo aplicado positivamente.

Los orificios del rostro tienen también relación con una de las letras del alfabeto hebraico. Así, por ejemplo,  el ojo derecho está regido por guimel, el ojo izquierdo por daleth, la fosa nasal derecha por kaph y la izquierda por teth, la boca está regida por beth, la oreja derecha está regida por res, y la oreja izquierda por la letra taw, que es la última del alfabeto hebraico.

La nariz, las fosas nasales, el verbo y los ojos llevan una íntima relación. Cuando hay un desajuste de cualquiera de ellos, desajusta todo nuestro organismo. Por ejemplo, en el equilibrio, cuando nuestro oído falla, perdemos el equilibrio; cuando hay un daño en la vista repercute igualmente en la boca y en la nariz; cuando el sentido del olfato se atrofia, entonces también tiene una relación con el sentido del gusto; por eso cuando afirmamos anteriormente que necesitamos un organismo perfectamente sano y disciplinado para entrar al estudio profundo de la Qabbalah, nos referíamos a que el individuo debe tener un cuidado excesivo en lo que se come, cómo se mastica, cómo se pasan los alimentos, cómo se combinan estos y también cómo respiramos.